miércoles, 10 de junio de 2026

Internet como territorio: por qué la charla de la Dra. Sofía Cornejo llegó en el momento justo

 

En el Colegio de Abogados de Salta, el Instituto de Género organizó una jornada de formación sobre ciberdelitos y evidencia digital que, en su aparente foco técnico, escondía una pregunta mucho más profunda: ¿estamos preparados, como sociedad y como sistema jurídico, para proteger a las personas en el mundo que ya habitamos?

La disertante, la Dra. Sofía Cornejo, Fiscal de Ciberdelitos de la provincia con más de dos décadas de trayectoria, no llegó a dictar una clase magistral. Llegó a proponer un cambio de mirada.

 

Dra. Sandra Bonari y Fiscal Sofía Cornejo

Producido con apoyo de tecnología digital IA: NotebookLM y Claude.

 

El mundo que no vemos como mundo


La primera y más radical de sus proposiciones no fue técnica sino conceptual: internet no es una herramienta. Es un mundo. Un espacio donde las personas no solo buscan información, sino que establecen vínculos, construyen identidades, ejercen poder y también son vulneradas. Esta distinción, aparentemente semántica, tiene consecuencias jurídicas y culturales de enorme alcance.

Mientras el sistema legal continúa tratando al entorno digital como un mero instrumento —algo que se usa para cometer un delito "real"— los operadores jurídicos llegan tarde, mal equipados y con categorías conceptuales obsoletas. La Dra. Cornejo no solo señala esa brecha: la convierte en el eje de su propuesta pedagógica. Su objetivo declarado es que cada abogado, juez o funcionario que la escuche salga de la sala con una nueva comprensión del universo digital como territorio donde ocurren hechos jurídicamente relevantes, donde se generan evidencias y donde se sufre daño real.

Ese cambio de paradigma es urgente. Y la jornada de Salta es un ejemplo, modesto pero significativo, de que algunos sectores del sistema están dispuestos a dar ese paso.

 

Las preguntas que llegaron desde el auditorio

Entre los concurrentes, Fernando Pequeño Ragone planteó dos de las inquietudes más reveladoras de la tarde. La primera: ¿qué ocurre cuando la sincronización automática de la nube deposita en el dispositivo de un usuario contenido ilícito recibido de forma pasiva? ¿Puede alguien convertirse en poseedor de material de abuso sexual infantil —lo que la fiscalía denomina correctamente MASI— sin haberlo buscado ni descargado conscientemente?

La pregunta no es menor. Toca directamente el problema del dolo en entornos automatizados, donde las plataformas tecnológicas actúan por su cuenta, sincronizando, replicando y almacenando contenidos sin intervención del usuario. La respuesta de la Dra. Cornejo fue clara: técnicamente, sí, eso puede ocurrir. Y precisamente por eso la prevención —entendida como conocimiento activo del funcionamiento de los sistemas que uno utiliza— se vuelve una obligación, no un consejo.

La segunda pregunta de Pequeño Ragone apuntó al horizonte institucional: ¿hacia dónde van las fiscalías especializadas en ciberdelitos? ¿Se irán integrando a los fueros comunes a medida que la tecnología se normalice, o la sofisticación creciente del crimen digital exigirá, por el contrario, una especialización cada vez mayor? Es una pregunta que no tiene respuesta definitiva hoy, pero que importa formularse, porque de ella depende cómo se distribuyen los recursos, la formación y la autoridad investigativa en los años por venir.

 

La vulnerabilidad que no es abstracta

Dra. Sofía Cornejo,
fiscal de Ciberdelitos, Salta
El encuentro no fue neutral en sus preocupaciones. La Dra. Cornejo presentó datos que no admiten relativización: el cien por ciento de los casos de difusión no consentida de imágenes íntimas afecta a mujeres. La pedofilia digital es un fenómeno abrumadoramente masculino en términos estadísticos. La violencia digital no golpea de manera uniforme: tiene género, tiene edad, tiene direcciones preferenciales.

En ese contexto, la discusión sobre el lenguaje adquiere un peso inesperado. La fiscal insistió en desterrar el término "pornografía infantil" para reemplazarlo por MASI —Material de Abuso Sexual Infantil— porque las palabras construyen realidad. Llamar pornografía a lo que es abuso implica, aunque sea implícitamente, la posibilidad de un consentimiento que los niños y niñas son incapaces de otorgar. El nombre incorrecto genera, en el mejor de los casos, confusión; en el peor, impunidad.

Otra voz del encuentro, identificada como la Dra. Alandíaz, introdujo el problema del vacío normativo: hay conductas profundamente dañinas —como la difusión de imágenes íntimas de adultas sin su consentimiento— que el Código Penal argentino no tipifica de forma específica. Ante esa laguna, la fiscalía debe recurrir a figuras como el "daño agravado por violencia de género" para no dejar a las víctimas completamente desprotegidas. Es un vericueto jurídico que revela, antes que ingenio, una mora legislativa inaceptable en un país donde estas conductas son moneda corriente.

 

La prueba que vale y la que no

Uno de los bloques más prácticos de la jornada estuvo dedicado a la evidencia digital y sus estándares de validez. La Dra. Cornejo fue terminante: una captura de pantalla es un indicio débil. Puede estar manipulada, descontextualizada, recortada. El estándar técnico irrefutable para preservar conversaciones de WhatsApp es la exportación directa del chat, un procedimiento que genera un archivo con estructura, metadatos y continuidad que la simple imagen no puede garantizar.

Este detalle, que puede parecer menor, tiene consecuencias enormes en causas de violencia de género, acoso laboral, grooming o extorsión. Un caso puede perderse no porque no haya prueba, sino porque la prueba fue mal preservada. La tarea de la fiscalía —y también, subrayó Cornejo, la de cada abogado en cualquier fuero— es conocer esa diferencia antes de que sea tarde.

La idea que articula esta posición es la de la transversalidad de la evidencia digital: no hay fuero donde los datos digitales no sean relevantes. El abogado de familia que ignora cómo se exporta un chat, el juez laboral que descarta una conversación porque "es solo una captura", el defensor civil que no sabe pedir una medida preliminar para identificar a un perfil anónimo: todos ellos están en desventaja en un mundo donde cada relación humana deja rastros digitales.

 

La permanencia como condena y como herramienta

Abogado Mauro Castro y
fiscal Sofía Cornejo

Hay una idea que atraviesa toda la disertación como un hilo de fondo: en internet, nada desaparece del todo. La Dra. Cornejo lo llama la permanencia del rastro digital, y lo plantea en dos sentidos simultáneamente.

Para las víctimas, esa permanencia es una condena: la imagen difundida sin consentimiento se masifica, se replica, se indexa, y ningún mecanismo de desindexación puede borrarla realmente del universo digital. El llamado "derecho al olvido" es, en el mejor caso, una medida paliativa.

Para los investigadores, en cambio, esa misma permanencia es la base de toda la arquitectura probatoria. Las IPs, los logs, los metadatos, las marcas de tiempo: todo eso sobrevive, y puede reconstruir con precisión lo que una persona dijo, hizo o compartió, a pesar de que lo haya borrado de su dispositivo. La evidencia digital es, en eso, cualitativamente distinta de la testimonial: no tiene memoria falible, no tiene interés en mentir, no se olvida.

 

Por qué esta charla importa ahora

La jornada del Colegio de Abogados de Salta no ocurrió en un vacío. Ocurrió en un momento en que la complejización del universo digital está acelerándose de manera que ningún sistema legal del mundo ha podido acompañar cabalmente. La inteligencia artificial generativa produce deepfakes de alta fidelidad que pueden fabricar evidencia o destruir reputaciones en segundos. Las comunidades digitales subterráneas —algunas de ellas mencionadas en el encuentro— operan con códigos propios, en plataformas diseñadas para eludir la trazabilidad. El grooming ocurre en plataformas de juegos que los padres ni siquiera reconocen como espacios de socialización.

Salón de conferencias, Colegio de Abogados de Salta.

Frente a ese escenario, la formación de operadores jurídicos no es un lujo académico. Es una condición de posibilidad para que el sistema de justicia siga siendo funcional. Un magistrado que no entiende qué es una IP nateada, un defensor que no distingue entre un delito informático puro y un delito común cometido con medios digitales, un querellante que presenta capturas de pantalla como prueba central: todos ellos están, involuntariamente, contribuyendo a la impunidad.

La Dra. Cornejo lo sabe, y por eso eligió no quedarse en su fiscalía esperando que los casos lleguen bien instruidos. Eligió salir a enseñar. A abogados, a jueces, a adolescentes en colegios secundarios. Su apuesta es que la prevención —real, técnica, honesta sobre los peligros— vale más que la persecución posterior.

En un sistema jurídico que siempre llega tarde a los cambios tecnológicos, esa apuesta no es menor. Es, quizás, lo más parecido a una estrategia que tenemos.

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