Escucha a la entrevsita a Joaquín López, Presidente de la Asoc Trébol, en Prog radial "Sumate Salta"
I. El programa de radio como campo de batalla
Hoy escucho la entrevista a Joaquín López en "Sumate
Salta" y no puedo dejar de tomar notas. Hay algo en este registro sonoro
que me sacude de una manera particular, quizás porque llevo años documentando las
formas en que el Estado salteño ejerce su poder no tanto por lo que hace, sino
por lo que deja de hacer. La omisión como política. El silencio como gestión.
Lo que Elias llamaría una figuración donde los más débiles quedan expuestos
precisamente en los intersticios que el poder decide no ocupar.
Joaquín habla desde un lugar que conozco bien: el del
activista que ha tenido que construir saber técnico para poder ser escuchado en
una sala donde la experticia es el único pasaporte legítimo. Corrige a la
anfitriona cuando ella dice "contagio" y él insiste en
"transmisión". No es pedantería. Es una operación política de primer
orden, porque el lenguaje construye realidad, y en materia de VIH esa realidad
puede ser la diferencia entre un diagnóstico temprano y una muerte evitable.
Tomo nota de ese gesto: la palabra justa como herramienta de resistencia.
II. Mayo de 2024: la fecha que ningún funcionario quiere
recordar
El Estado dejó de entregar preservativos en mayo de 2024. Un
año exacto antes de hoy. Lo escucho de la voz de Joaquín. ¿Cómo es posible que
una medida de tamaño impacto sanitario haya pasado casi sin ruido? Aquí
reconozco uno de los patrones que vengo documentando desde hace años: la
desinversión no se anuncia. No hay conferencia de prensa, no hay decreto, no
hay debate legislativo. Simplemente, un día los insumos dejan de llegar a los
centros de salud y nadie firma la resolución de ese abandono.
El resultado está en los números que Joaquín cita con la
precisión de quien lleva el registro que el Estado no hace: un aumento del
setenta por ciento en casos de sífilis. Diagnósticos de VIH en menores de
catorce años. Hombres de cincuenta a setenta años de clase alta que se infectan
y cuyas estadísticas nunca aparecen en los boletines oficiales porque atendidos
por obras sociales privadas quedan fuera del sistema de vigilancia
epidemiológica pública. El mapa de la epidemia tiene zonas ciegas, y esas zonas
no son accidentales: son el producto de una arquitectura de la invisibilidad
que protege a quienes tienen recursos y abandona a quienes no los tienen.
Pienso en todo lo que he registrado sobre la retirada del Estado
en la Salta de los últimos años, sus contradicciones, sus pobrezas múltiples,
sus liderazgos desgastados. Esta crisis sanitaria encaja en ese patrón con una
coherencia que me resulta dolorosa.
III. La metáfora del auto y la soberanía alimentaria
Hay dos imágenes en el discurso de Joaquín que me detienen.
La primera es la del cuerpo como automóvil: el diagnóstico temprano como la
detección de un ruido raro antes de que el motor falle. Es una metáfora eficaz
porque despoja al VIH de su carga moral y lo inscribe en el registro de la
mecánica, de la prevención técnica, del mantenimiento racional. Cualquier
persona que lleva el auto al taller antes de que se rompa puede entender la
lógica sin necesidad de que medie el estigma.
La segunda imagen me resulta más contundente aún: "un
paciente bien comido no muere". En cuatro palabras, Joaquín conecta la
epidemia del VIH con la crisis alimentaria, con la inflación, con la pobreza.
La medicación retroviral existe, está disponible en Argentina, pero un cuerpo
desnutrido no la procesa de la misma manera. La salud es sistémica, y esta
afirmación, dicha casi al pasar en una entrevista radial, contiene una crítica
estructural al modelo de gestión sanitaria que trata la enfermedad como un evento
biológico aislado y no como el resultado de condiciones materiales de vida.
Hay una continuidad que veo claramente entre esta
observación y mis registros sobre la relación entre pobreza estructural y
vulnerabilidad en Salta. El cuerpo enfermo no es una fatalidad: es la
consecuencia de decisiones políticas y económicas que alguien tomó, o que
alguien dejó de tomar.
IV. La sociedad civil como sustituto del Estado ausente
La Asociación Trébol no cobra nada por sus charlas. Va a los
colegios, a los centros vecinales, lleva la información donde el Estado debería
llevar también los insumos. Joaquín lo dice con una calma que oculta apenas la
exasperación: ellos hacen el trabajo territorial mientras el gobierno
provincial no compra los reactivos ni los preservativos.
Este esquema me resulta demasiado familiar. La sociedad
civil organizada funcionando como colchón de una desinversión que, de otro
modo, produciría un colapso visible y escandaloso. La ONG como amortiguador de
la crisis, lo que permite al Estado retirar recursos sin que el sistema estalle
de manera inmediata. Es una relación de interdependencia que Elias describiría
como una figuración asimétrica donde el poder simbólico de la denuncia no se
traduce automáticamente en poder material para cambiar las condiciones de
producción del problema.
La Asociación Trebol pidió informes de acceso a la
información pública para saber cuántos preservativos compró la provincia y qué
pasó con los reactivos de carga viral. La Ley de Información Pública como
herramienta de auditoría ciudadana. Es una estrategia que conozco bien y que
admiro en su persistencia, aunque sé también de su lentitud, de los plazos
incumplidos, de las respuestas que llegan incompletas o no llegan. La
burocracia como forma de resistencia del poder al escrutinio.
V. El machismo como vector epidemiológico
Hay un dato que la anfitriona introduce con visible
incomodidad y que Joaquín confirma sin rodeos: los hombres adultos, los de
cuarenta, cincuenta, sesenta años, los que pertenecen a sectores con cierto
poder adquisitivo, se resisten al uso del preservativo y terminan infectando a
sus parejas estables. El machismo como vector epidemiológico. La masculinidad
hegemónica como factor de riesgo silencioso.
Este nudo me interesa porque conecta la epidemia con una
discusión cultural más amplia que tampoco aparece en los boletines oficiales ni
en los planes de prevención. No alcanza con distribuir preservativos si la
construcción identitaria de ciertos varones los hace resistir su uso como si
portarlos implicara una amenaza a su virilidad. La educación sexual integral es
necesaria, pero tiene que llegar también a los adultos, no solo a los jóvenes,
y tiene que dialogar con las representaciones de género que organizan los
comportamientos de riesgo.
La anfitriona dice que "nuestros hijos a muy temprana
edad están empezando a despertar". La frase me llama la atención: ubica el
problema en los jóvenes, en su despertar sexual precoz, como si la solución
fuera retardar ese despertar antes que educarlo. Joaquín redirige suavemente:
el problema no es la sexualidad juvenil sino la ausencia de información y de
insumos. La diferencia de encuadre es significativa, y en ella se juega una
parte importante de la política de salud sexual que Salta necesita y todavía no
tiene.
VI. Lo que este registro me deja
Termino de escuchar la entrevista y quedo con una sensación
que reconozco: la mezcla de admiración por quienes sostienen el trabajo
cotidiano sin recursos ni reconocimiento institucional, y de una rabia
tranquila frente a la magnitud del abandono estatal que los obliga a hacerlo.
Un preservativo cuesta tres mil pesos. Un tratamiento
retroviral cuesta quinientos mil. La aritmética de la prevención es elemental,
y sin embargo el Estado provincial no compra preservativos desde hace un año.
Esta no es una discusión técnica ni económica en el fondo: es una discusión
sobre qué vidas merecen protección y cuáles pueden ser sacrificadas a la
omisión presupuestaria.
El legado imperecedero de Miguel Ragone, médico del
pueblo y gobernador desaparecido.
El joven médico, Miguel Ragone (1945 aprox)
Un nuevo informe exhaustivo rescata la trayectoria del
doctor Miguel Ragone, figura icónica del peronismo salteño que fusionó medicina
social con acción política transformadora. Nacido en 1921 y formado en la UBA,
Ragone revolucionó la salud mental al dirigir desde 1950 el Hospital
Christofredo Jakob (hoy Dr. Miguel Ragone), rompiendo con el modelo asilar para
priorizar la reintegración comunitaria, influido por Ramón Carrillo y el Plan
Nacional de Salud.
Como gobernador constitucional en 1973, impulsó soberanía
sobre recursos, desarrollo regional y una "policía de las mayorías"
contra elites oligárquicas, desafiando tensiones represivas que culminaron en
su intervención federal y desaparición forzada en 1976 –el único en la historia
argentina–. El documento analiza su praxis frente al terrorismo de Estado,
justicia posterior y memoria popular a través de literatura testimonial y
homenajes digitales.
Destaca el reciente discurso de Alejandro Ruidrejo en la
Jornada de Filosofía ACEP (abril 2026), que recupera la
"cibernología" de Carrillo –gobierno humano basado en biología
cooperativa y Umwelt– contra la cibernética neoliberal de la IA. Así, Ragone
encarna la "comunidad organizada" peronista: salud como justicia
orgánica, no eficiencia algorítmica.
En Salta contemporánea, con crisis en el hospital
homónimo, el informe proyecta su legado como resistencia humanista, proyectando
debates sobre capital humano y felicidad colectiva. "De la medicina social
a la memoria colectiva", un llamado a actualizar su utopía frente a
extractivismo y deshumanización.
Ramón Carrillo en el centro. Director y luego Ministro de Salud del primer peronismo. Miguel Ragone en el cuerpo de funcionarios y médicos fundadores del dispositivo de salud peronista.
El doctor Miguel Ragone representa una figura pivotal en la
historia de Salta, fusionando su vocación médica con una praxis política
transformadora, en un contexto de ebullición social durante las décadas de 1960
y 1970. Nacido en 1921 en Tucumán y radicado en Salta desde niño, Ragone egresó
como médico de la UBA, especializándose en neurología y psiquiatría bajo la
influencia de Raúl Matera, lo que lo conectó directamente con Ramón Carrillo,
primer Ministro de Salud peronista. Esta relación definió su giro
epistemológico hacia la medicina social, entendida como un derecho estatal
ligado a condiciones materiales como vivienda, nutrición y justicia social,
rompiendo con el modelo biologicista asilar.
Formación y Revolución en Salud Mental
Ragone asumió en 1950 la dirección del Hospital
Neuropsiquiatrico Christofredo Jakob –hoy Hospital de Salud Mental Dr. Miguel
Ragone–, inaugurado bajo el peronismo, implementando una psiquiatría humanizada
que priorizaba la reintegración comunitaria sobre el encierro manicomial.
Rechazó la "clínica de la mirada" positivista, que objetivaba al
paciente, promoviendo en cambio abordajes integrales que anticiparon la Ley
Nacional de Salud Mental por décadas. Su labor en el Plan Nacional de Salud con
Carrillo lo posicionó como reformador, federalizando la atención y combatiendo
estigmas en un noroeste argentino marginado.
Esta praxis no solo transformó instituciones, sino que
encarnó una ética del cuidado público, donde la salud mental se vinculaba a
soberanía y desarrollo regional, sentando bases para su posterior rol político
como gobernador constitucional en 1973.
Síntesis
El Discurso de Ruidrejo: Biopolítica y Herencia Peronista
En la Jornada de Filosofía "Filosofía y Comunidad"
de abril 2026 en Salta, organizada por ACEP, Alejandro Ruidrejo ofreció una
intervención clave que rescata la dimensión biopólitica de Ragone y Carrillo,
oponiendo cibernología a cibernética. Ruidrejo recupera el texto confiscado de
Carrillo "Introducción a la cibernología y a la biopólítica" (1955),
silenciado por el golpe de ese año, presentándolo como arqueología del saber
foucaultiana que revela una tradición peronista humanista contra el
liberalismo.
La cibernética –asociada a Wiener y la IA actual– gobierna
hombres por máquinas, reduciendo lo humano a datos eficientes; la cibernología,
en cambio, es "gobierno de hombres por hombres" basado en biología
cooperativa, con nociones como Umwelt de Uexküll, enfatizando armonía y
felicidad colectiva sobre competencia darwinista. Ruidrejo critica el
"capital humano" neoclásico (Becker) como mercantilización,
proponiendo la versión peronista de inversión estatal en vida buena, conectando
directamente con la medicina social de Ragone y Carrillo.
Conexión con el Legado de Ragone
El discurso de Ruidrejo ilumina la relación de Ragone con la
Medicina como fundamento biológico de la política: su hospital simboliza la
"comunidad organizada" peronista, donde salud es justicia orgánica,
no eficiencia algorítmica. En un contexto de disputas actuales –deficiencias
presupuestarias en el hospital, adicciones, extractivismo–, Ruidrejo provee
herramientas teóricas para actualizar el paradigma ragoneano, transformando
archivos en resistencia contra individualismo.
Este informe extenso profundiza en su gobierno (1973-1974),
desaparición en 1976 –único gobernador desaparecido–, justicia posterior y
memoria performativa, proyectando su legado en Salta contemporánea.
Registro de operaciones de Miguel Ragone en el hospital. (Década del 40)
El análisis exhaustivo
de la historia política, institucional y sanitaria de la República Argentina
durante la segunda mitad del siglo XX requiere ineludiblemente el abordaje de
aquellas figuras que lograron sintetizar la praxis médica con la acción política
directa y transformadora. En la región del noroeste argentino, y de manera
específica y profunda en la provincia de Salta, la figura del doctor Miguel
Ragone emerge como un nodo explicativo de carácter fundamental e insoslayable.1 Su trayectoria vital y
profesional permite comprender no solo las tensiones hegemónicas y los procesos
de reforma estructural de un Estado provincial en ebullición, sino también la
posterior aplicación sistemática, planificada y brutal del terrorismo de Estado
en el país.2 Miguel Ragone no representa meramente el arquetipo del líder
popular surgido de las bases profesionales y del contacto directo con los
sectores más vulnerables de la sociedad; encarna, en su máxima expresión, la
transición epistemológica y operativa de un modelo médico estrictamente
biologicista y asilar hacia uno fundamentado en los pilares de la medicina
social y comunitaria.4 Este cambio de paradigma se
hizo especialmente evidente y necesario en el complejo, estigmatizado y a
menudo marginado campo de la salud mental y la psiquiatría.
El presente informe de investigación desarrolla un análisis
profundo, holístico y pormenorizado de la trayectoria vital, el desarrollo
médico y la carrera política de Miguel Ragone. A través de una revisión
minuciosa de las fuentes documentales, legislativas, históricas y
testimoniales, se examina su breve pero intenso gobierno constitucional durante
el período 1973-1974.6 Dicha gestión se caracterizó por un intento
radical de democratizar las instituciones provinciales, desafiando abiertamente
a los poderes fácticos tradicionales, la oligarquía terrateniente y las
estructuras represivas heredadas de las dictaduras precedentes.7
Asimismo, el documento articula su profunda y visionaria concepción sobre la
salud pública, con un énfasis particular en las reformas en el ámbito de la
psiquiatría y la salud mental, disciplinas que intentó humanizar desde sus
cimientos filosóficos y operativos.9
Finalmente, la investigación aborda la consolidación
inquebrantable de su figura en la memoria popular bajo el histórico epíteto de
"el médico del pueblo".6 Se analiza su trágica condición como el
único gobernador constitucional de la República Argentina que permanece en
calidad de detenido-desaparecido como consecuencia del accionar del terrorismo
de Estado.2
En este contexto analítico, se explora cómo su legado histórico, lejos de
disolverse en el olvido que pretendieron imponer sus captores, es resignificado,
debatido y actualizado en la contemporaneidad a través de la literatura
testimonial, las normativas sanitarias vigentes, los debates parlamentarios y
la performatividad de los actos conmemorativos, incluyendo un análisis
semiótico y descriptivo de los homenajes audiovisuales y digitales que
documentan su trascendencia en la esfera pública moderna.12
Comunidad de médicos ligados a Ramón Carrillo. El joven médico Miguel Ragone primero sentado a la der. (1945 aprox)
Para comprender la magnitud del proyecto político e
institucional de Miguel Ragone, resulta imperativo trazar las coordenadas
sociohistóricas y geopolíticas que enmarcaron su ascenso al poder ejecutivo
provincial. Las décadas de 1960 y 1970 representaron, a nivel global, un
período de profundas convulsiones, cuestionamientos sistémicos y movimientos
revolucionarios que reconfiguraron el mapa político e ideológico. La
documentación histórica señala que una gran ola revolucionaria conmovía al
mundo contemporáneo: el surgimiento y consolidación del movimiento de la
negritud, el resonante triunfo de la revolución cubana que demostró la
viabilidad de la insurrección armada en el continente, y el fervor de los
países latinoamericanos y del Tercer Mundo que ansiaban liberarse de las
ataduras de los imperialismos extranjeros.8 El objetivo primordial de estas
naciones periféricas era disponer libremente de sus recursos naturales, ejercer
soberanía sobre sus materias primas y, fundamentalmente, sacudirse el yugo de
los "tiranuelos locales" que operaban como garantes de los intereses
foráneos y de las minorías privilegiadas.8
En el plano estrictamente nacional, la República Argentina
atravesaba un extenso y doloroso período de inestabilidad democrática y
proscripción política. Tras el golpe de Estado cívico-militar autodenominado
"Revolución Libertadora" en septiembre de 1955, que derrocó al
gobierno constitucional de Juan Domingo Perón, el movimiento peronista fue
sometido a casi dieciocho años de proscripción absoluta, persecución judicial y
represión estatal.1 Frente a este escenario de censura y exclusión
política, las bases obreras, estudiantiles y profesionales comenzaron a
organizar diversas formas de resistencia, tanto pacíficas como armadas.
La crisis de legitimidad del Estado autoritario alcanzó su
punto de ebullición a finales de la década de 1960 con estallidos sociales de
enorme magnitud. Levantamientos populares masivos como el Cordobazo y los
Rosariazos demostraron empíricamente que la policía provincial y las fuerzas de
seguridad convencionales ya no poseían la capacidad operativa ni la legitimidad
social para controlar la protesta ciudadana.14 En provincias como Tucumán,
Corrientes y Salta, las movilizaciones adquirieron un carácter insurreccional;
en los casos más extremos de Córdoba y Rosario, ni siquiera la intervención
directa de las Fuerzas Armadas logró aplacar las rebeliones de manera
inmediata.14
La contundencia del creciente descreimiento de los trabajadores, de los
sectores populares marginalizados y, en particular, de una juventud altamente
politizada, mostraba a las claras que la situación se le escapaba de las manos
a la dictadura autodenominada "Revolución Argentina" (1966-1973).1
El temor a la probabilidad inminente de una revolución de
corte socialista o nacional-popular forzó a las cúpulas militares a inclinarse
por una salida política e institucional, buscando frenar el movimiento
generalizado de insubordinación en Argentina mediante la convocatoria a
elecciones libres y el levantamiento de la proscripción al peronismo.14 Es en
este caldero de tensiones de clase, demandas de soberanía y movilización
popular donde se forja la identidad política de Miguel Ragone y se estructuran
las bases de lo que sería su posterior programa de gobierno, anclado en lo que
la historiografía ha denominado "la utopía de la Revolución en paz".8
Miguel Ragone y esposa, Clotilde Suárez, (1945, aprox)
La biografía de Miguel Ragone está intrínsecamente ligada a
las carencias estructurales y las realidades periféricas del norte argentino.
Nacido justo un 25 de mayo de 1921—una fecha de profunda resonancia
patriótica—en la ciudad de San Miguel de Tucumán, provino del seno de una
familia humilde conformada por inmigrantes italianos de origen napolitano.15 Siendo
el tercero de ocho hermanos, la literatura que rescata la memoria popular
señala que la pobreza parecía ser el destino ineludible trazado para su familia.16 A los
doce años de edad, su núcleo familiar se trasladó a la ciudad de Salta, donde
el joven Ragone comenzaría a forjar su identidad.15
Cursó sus estudios de educación secundaria en el prestigioso
Colegio Nacional de la ciudad de Salta, de donde egresó con el título de
bachiller, demostrando desde temprana edad una aguda inclinación por el
conocimiento y las ciencias.15 Inicialmente, su vocación lo llevó a
trasladarse a la ciudad de Buenos Aires para iniciar estudios en la carrera de
abogacía; sin embargo, un profundo sentido de servicio lo impulsó a abandonar
las leyes para matricularse en la Facultad de Medicina de la Universidad de
Buenos Aires (UBA), carrera que logró culminar trabajando y estudiando
simultáneamente en condiciones de considerable esfuerzo personal.6
Un descanso del joven médico Miguel Ragone en el hospital.
Durante su formación médica, Ragone decidió especializarse
en el complejo y emergente campo de la neurología y la psiquiatría. En este
ámbito académico y clínico, estableció un vínculo profesional estrecho con el
prestigioso especialista y neurocirujano Raúl Matera.15 Esta
relación no fue meramente académica; funcionó como el puente que conectaría su
pericia técnica con las altas esferas de la planificación sanitaria nacional. A
través de Matera, las capacidades de Ragone llamaron la atención del doctor Ramón
Carrillo, figura fundacional del sanitarismo argentino y primer Ministro de
Salud Pública de la Nación durante las presidencias del general Juan Domingo
Perón.15
La colaboración entre Miguel Ragone y Ramón Carrillo
constituye un hito fundamental para comprender la visión política y sanitaria
que Ragone aplicaría posteriormente en Salta. Tras asumir la presidencia y
crear la Secretaría (y luego Ministerio) de Salud, Perón designó a Carrillo con
el mandato de estructurar una política sanitaria de alcance federal.5 Carrillo
convocó al joven médico Ragone para que se desempeñara inicialmente como su
secretario privado y, posteriormente, como colaborador directo y coordinador en
el ambicioso Plan Nacional de Salud.5
En este entorno de planificación estatal de alto nivel,
Ragone internalizó los axiomas fundamentales de la medicina social. Este
paradigma postulaba una ruptura epistemológica radical con el modelo biomédico
tradicional. Ya no se trataba únicamente de observar el microbio o la lesión
orgánica anatómica en el laboratorio, sino de comprender las condiciones
materiales de existencia de las poblaciones. La salud pasó a ser concebida no
como la mera ausencia de enfermedad, sino como un derecho social inalienable
garantizado por el Estado, estrechamente vinculado a la calidad del agua, la
nutrición, el acceso a la vivienda, las condiciones laborales y la justicia
social.4
Los registros universitarios que fundamentan la entrega de su título de Doctor
Honoris Causa post mórtem destacan que, durante su labor en el ministerio,
Ragone aportó los frutos de su "sensibilidad creativa" y la
"eficiencia de un sentido solidario", elementos que marcarían toda su
trayectoria posterior.15 El peronismo de la época empujaba a los jóvenes
provenientes del pueblo trabajador a insertarse en las profesiones
universitarias, inyectándoles la pasión por lo público y la gestión del Estado
en beneficio de las mayorías.16
El mandato de federalizar la salud pública encomendado por
Carrillo tuvo su corolario práctico cuando Ragone fue comisionado para regresar
a la provincia de Salta con un objetivo fundacional: inaugurar y asumir la
dirección del primer establecimiento público dedicado a la salud mental y la
neurocirugía en el territorio provincial.5 Fue así como el 8 de julio de
1950, durante la primera presidencia de Perón, se inauguró oficialmente el
Hospital Neuropsiquiátrico que, en ese momento, fue bautizado con el nombre del
eminente histólogo alemán "Christofredo Jakob".15
La designación de Ragone como el primer director de este
nosocomio no implicó simplemente la administración de un edificio, sino la
instauración de una filosofía clínica transformadora. Hasta mediados del siglo
XX, la psiquiatría hegemónica operaba bajo los cánones del modelo asilar y
manicomial. Documentos de investigación académica sobre la historia de la salud
mental en Salta explican que la psiquiatría clásica se estructuraba en torno a
lo que se denomina la "clínica de la mirada".9
Siguiendo los postulados teóricos de autores como Bercherie en sus
"Fundamentos de la Clínica", esta perspectiva buscaba alcanzar el
ideal de objetividad extrema impuesto por las ciencias positivas mediante la
observación sistemática y distante del paciente.9 En la práctica
institucional, este modelo reducía al sujeto a un mero objeto de escrutinio
médico, despojándolo de su subjetividad y contexto social, lo que
invariablemente derivaba en la reclusión, el aislamiento punitivo y la
cronicidad del encierro.
La visión implementada por Miguel Ragone se posicionó en las
antípodas de esta herencia asilar. Entendió tempranamente que el desarraigo, la
desconexión del medio social y la marginación comunitaria operaban como
factores iatrogénicos que agravaban severamente los cuadros de sufrimiento
psíquico.20
Desde la dirección del hospital, comenzó a desarmar las endurecidas formas
oligárquicas y los rituales institucionales que perpetuaban la estigmatización
del paciente psiquiátrico.16
Su enfoque se basó en una concepción integral que hoy
llamaríamos salud mental comunitaria y medicina social.4 Propugnó
un abordaje donde la rehabilitación del paciente no terminaba en la remisión de
los síntomas agudos a través de la intervención farmacológica o neurológica,
sino que exigía un compromiso ético para promover su reintegración familiar,
laboral y comunitaria. Esta praxis clínica y de gestión demostró que el doctor
Ragone anticipó en más de medio siglo los postulados rectores que contemporáneamente
establece la Ley Nacional de Salud Mental.10
Recientemente, en abril de 2026; la
Asociación Civil Estudios Populares (ACEP) realizó en Salta su primera Jornada
de Filosofía, un encuentro inédito que llevó el debate de ideas al corazón del
espacio político. Bajo el título «Filosofía y Comunidad: disputa de modelos
y reconstrucción del Ser Argentino frente al individualismo», la jornada
convocó a economistas, filósofos y educadores para recuperar la vigencia de La
Comunidad Organizada de Juan Domingo Perón frente al modelo de exclusión
vigente.
La intervención de Ruidrejo es la más técnicamente elaborada
de la jornada y opera como su soporte científico-epistemológico. Su punto de
partida es el rescate de un documento fundacional confiscado en 1955: Introducción
a la cibernología y a la biopolítica, del Dr. Ramón Carrillo, primer
Ministro de Salud del gobierno peronista. Este texto habría sido enterrado
junto con la experiencia del peronismo en el golpe de Estado de ese año, y su
recuperación permite comprender —afirma Ruidrejo— que el proyecto de la Comunidad
Organizada no fue una improvisación sino una elaboración teórica de
vanguardia que anticipaba debates filosóficos y políticos que recién en las
últimas décadas han adquirido plena visibilidad académica.
Esta operación de rescate del archivo se inscribe en lo que
Foucault (1969) denominó arqueología del saber: la excavación de los
estratos históricos del conocimiento para sacar a la luz los saberes sometidos,
aquellos que han sido descalificados, marginados o silenciados por el discurso
dominante. Ruidrejo lleva a cabo una arqueología del pensamiento político
argentino, mostrando que existe en él una tradición alternativa —la de la
biopolítica humanista— que ha sido sistemáticamente ocultada por la narrativa
que presenta al liberalismo como el horizonte inevitable de la modernidad. Esta
operación tiene un efecto político inmediato: legitima el pensamiento nacional
popular como tradición intelectual seria, capaz de dialogar en pie de igualdad
con las corrientes hegemónicas del pensamiento occidental.
La distinción conceptual central del discurso de Ruidrejo es
la que opone cibernética y cibernología. Esta distinción no es
meramente técnica sino filosófico-política: define dos modos radicalmente
distintos de concebir el gobierno de las sociedades humanas.
La cibernética —cuya versión contemporánea Ruidrejo
asocia al desembarco de la inteligencia artificial en la gestión pública—
propone el gobierno de los hombres por las máquinas. Se basa en una
lógica de procesamiento de información y eficiencia técnica que reduce la
complejidad humana a variables cuantificables y optimizables. Esta racionalidad
tiene una genealogía precisa: remite al proyecto de Norbert Wiener (1948/1961)
y a su aplicación al gobierno de las poblaciones que Carrillo ya identificaba
en los años cincuenta como un peligro para la soberanía política y la
especificidad de lo humano. Ruidrejo actualiza este diagnóstico señalando que
la inteligencia artificial constituye la versión más acabada de la racionalidad
cibernética: los algoritmos no sólo procesan información sino que comienzan a
tomar decisiones que afectan la vida de millones de personas sin que medie
deliberación política alguna.
La cibernología, en cambio, es definida como la ciencia
del gobierno de los hombres por los hombres, cuyo corazón está en la
biología. Esta disciplina se nutre de la neurobiología y de la comprensión de
la vida orgánica —en particular de la noción de Umwelt desarrollada por
el biólogo Jakob von Uexküll (1934/2016)—, que enfatiza la cooperación y la
armonía como principios fundamentales de la vida en comunidad. La cibernología
rechaza tanto el determinismo biológico —que reduce la política a la
naturaleza— como el mecanicismo cibernético —que reduce lo humano a una
máquina— para proponer una concepción orgánica e histórica de la sociedad.
El objetivo de la cibernología no es la eficiencia en la
gestión de recursos escasos —que Ruidrejo identifica como el telos
de la racionalidad neoliberal— sino la política de la felicidad: la
producción de las condiciones que permiten a los seres humanos desarrollar
plenamente sus capacidades y vivir juntos en armonía. Esta orientación hacia la
felicidad colectiva remite a la tradición aristotélica de la eudaimonía
y a la concepción republicana del bien común (Aristóteles, 1988; Pettit, 1997).
Ruidrejo lleva a cabo una operación crítica fundamental al
analizar el concepto de "capital humano". En la versión que la
Escuela de Chicago —Becker, Schultz— desarrolló desde los años sesenta, el
capital humano designa la inversión en las capacidades productivas del
individuo orientada a maximizar su rendimiento en el mercado de trabajo
(Becker, 1964). Esta conceptualización convierte al ser humano en una mercancía
—un factor de producción cuyo valor se mide por su productividad— y a la
educación en una inversión privada orientada al retorno económico individual.
Ruidrejo recupera una versión alternativa del concepto
—presente en Carrillo y en la tradición peronista— según la cual el capital
humano no es mercancía sino el objeto primordial de cuidado del Estado.
Desde esta perspectiva, la inversión en educación y salud no se justifica por
su retorno económico sino por su función en la producción de la vida buena:
la realización de los seres humanos como sujetos capaces de vivir juntos en una
comunidad justa. Esta disputa por el sentido del concepto de "capital
humano" es un ejemplo paradigmático de lo que Rancière (1995) llama el reparto
de lo sensible: la lucha por determinar qué cuenta y qué no cuenta en el
campo de lo visible y lo pensable.
La tercera proposición central de Ruidrejo establece el fundamento
biológico de la política en la cooperación y la armonía, en contraposición
a la concepción liberal —asociada a Darwin y Adam Smith— que sitúa la
competencia como motor del progreso. Esta proposición se apoya en el trabajo
del neurobiólogo Christofredo Jacob, cuyas investigaciones influyeron en
la formación intelectual de Carrillo, y en la noción de Umwelt del
biólogo Jakob von Uexküll (1934/2016): el mundo circundante o entorno
significativo que cada organismo construye en su interacción con el ambiente.
La tesis de Ruidrejo es que la evolución biológica no está
gobernada principalmente por la lucha competitiva —como sostuvo la lectura
social-darwinista de Darwin (Spencer, 1864)— sino por la cooperación y la
armonía entre organismos. Esta tesis encuentra respaldo en corrientes
contemporáneas de la biología evolutiva que han subrayado la importancia de la
simbiosis, la cooperación y la selección de grupo (Margulis, 1998; Nowak,
2006). Su implicación política es significativa: si la cooperación es la ley de
la vida, entonces el individualismo competitivo no es la expresión de una
naturaleza humana universal sino una deformación histórica producida por
condiciones sociales específicas.
La analogía platónica que utiliza Ruidrejo —una comunidad
justa es aquella que funciona como un cuerpo sano, donde la justicia es la
traducción política de la salud— tiene una larga tradición en el pensamiento
político occidental, desde la República de Platón (380 a.C./2004) hasta
las filosofías orgánicas del Estado del siglo XIX. Esta analogía es
políticamente productiva en tanto permite hablar de la justicia social en
términos de salud colectiva —lo que conecta directamente con la experiencia sanitaria
del primer peronismo—, pero también epistemológicamente problemática en tanto
tiende a naturalizar las relaciones de poder y a suprimir la conflictividad
inherente a toda formación social (Mouffe, 1993).
El discurso de Ruidrejo opera en la jornada como el soporte
científico-epistemológico que eleva las intuiciones políticas de los otros
disertantes a una categoría de análisis académico e histórico profundo. Su
contribución específica es romper el "malditismo" académico
que pesa sobre el pensamiento peronista, demostrando —mediante el rescate de
Carrillo y Jacob— que el proyecto de la Comunidad Organizada no fue una
improvisación política sino un proyecto de vanguardia que ya en los años
cincuenta anticipaba los debates sobre la inteligencia artificial, la
biopolítica y el capital humano que hoy ocupan el centro de la filosofía
política contemporánea.
La conexión con Kosiner se da en el plano de la gubernamentalidad:
donde Kosiner advierte sobre la "sociedad desorganizada" y la
necesidad de reconstruir los lazos solidarios, Ruidrejo explica el por qué
epistemológico de esa desorganización —el tránsito de la cibernología a la
cibernética— y proporciona las categorías teóricas que permiten disputar el
sentido de conceptos clave como "capital humano". La conexión con
Sánchez es de complementariedad ontológica: donde Sánchez habla del Ser
Argentino y la doctrina como alma de la comunidad, Ruidrejo explica cómo esa
alma se encarna en el sistema de salud de Carrillo y en la educación pública.
La cooperación no es sólo un deseo moral, afirma Ruidrejo, sino una ley de la
vida —
Umwelt— superior a la competencia liberal. El mérito
final de Ruidrejo es transformar el "polvo de los archivos" en
un insumo para la resistencia actual, proveyendo a la militancia de una
racionalidad alternativa para discutir la felicidad común frente a la mera
gestión de recursos escasos.
La inmersión del doctor Ragone en la gestión pública
sanitaria operó como un catalizador para su participación en las esferas de
decisión política del peronismo a nivel nacional y provincial.11 Tras el
golpe militar de 1955, Ragone no se refugió en la comodidad del ejercicio
profesional privado. Por el contrario, participó activamente en los comandos de
la resistencia peronista que lucharon contra la dictadura autodenominada
"Revolución Libertadora" liderada por Eduardo Lonardi y Pedro Eugenio
Aramburu, y posteriormente contra la dictadura encabezada por Juan Carlos
Onganía.6
Al reorganizarse el Partido Justicialista en la
clandestinidad, Ragone emergió como un líder indiscutido al fundar y liderar la
histórica "Lista Verde" a principios de la década de 1970.6 Su
construcción política se caracterizó por una profunda integración con figuras
históricas del sindicalismo y la política salteña, como el exgobernador Carlos
Xamena y dirigentes como Tomás Ryan.11
Tras diecisiete años de luchas incesantes y proscripciones
sistemáticas, el peronismo volvió a presentarse a elecciones libres. El 11 de
marzo de 1973, en consonancia con la victoria nacional de la fórmula
presidencial integrada por Héctor José Cámpora y Vicente Solano Lima—como
delegados del aún proscripto general Perón—, Miguel Ragone, integrando fórmula
con Olivio Ríos, fue elegido gobernador constitucional de la provincia de
Salta.1
El respaldo popular fue abrumador: obtuvo casi 121.500 sufragios, lo que
representó, según diversas fuentes históricas, entre el 54% y más del 57% del
total de los votos válidos emitidos.6
Durante su breve pero intensa gestión como titular del Poder
Ejecutivo provincial (1973-1974), Ragone implementó un plan de gobierno
sustentado en la soberanía económica, el desarrollo de las fuerzas productivas
y la justicia social.6 Las acciones gubernamentales desplegadas en el
corto gobierno constitucional tuvieron como objetivo primordial elevar la
calidad de vida y dignificar a las poblaciones rurales y marginales a través
del trabajo genuino.1
Una de las materializaciones más destacadas de esta visión
fue la creación de la empresa estatal "Salta Forestal".15 Esta
entidad fue concebida no solo para administrar y explotar de manera racional y
sustentable los vastos recursos madereros del territorio provincial, sino
fundamentalmente como una herramienta para combatir la concentración de tierras
improductivas en manos de la oligarquía latifundista, generando empleo
industrial y rural en zonas históricamente postergadas.
En paralelo a las reformas internas, Ragone demostró poseer
una visión geopolítica de carácter latinoamericano y una voluntad de
integración macro-regional sin precedentes en la provincia. Este enfoque se
concretó en el fuerte impulso otorgado a la gestación del GEICOS (Grupo
Empresario Interregional del Centro Oeste Sudamericano).15 El
objetivo estratégico de este grupo era descentralizar el histórico modelo
agroexportador argentino—cuya infraestructura miraba exclusivamente hacia el
puerto de Buenos Aires—para abrir corredores comerciales, logísticos y
bioceánicos hacia los países limítrofes y el Océano Pacífico. Asimismo,
instituyó la FERINOA (Feria Internacional del Norte Argentino), un evento de
gran envergadura destinado a potenciar el intercambio comercial, la innovación
industrial y la visibilización de la matriz productiva de toda la región.15
Uno de los capítulos más audaces, complejos y conflictivos
de la administración de Miguel Ragone fue su intento de desmantelar el aparato
represivo del Estado provincial, profundamente arraigado tras años de
dictaduras militares.7 Entendiendo que la democracia requería
instituciones de seguridad respetuosas de los derechos humanos, Ragone designó
en la jefatura de la policía provincial a Rubén Fortuny, un dirigente con una
clara trayectoria militante y un profundo compromiso humanista.7
La misión de Fortuny, respaldada por el gobernador, era
transformar radicalmente la doctrina de las fuerzas de seguridad. En
entrevistas concedidas a publicaciones de la época bajo el título de "¿Una
policía peronista?", Fortuny declaraba sin eufemismos: "Desde el
puesto de auxiliar de la Justicia y con la llegada del gobierno popular, toda
la policía debe dejar de ser lo que era. De estar al servicio de las minorías
para ser una policía fiel reflejo del gobierno de las mayorías".7 Este
proyecto implicaba que el triunfo del pueblo debía reflejarse en un
"sentido humanitario" alejado de la "maldad de las mal llamadas
clases selectas".7
La concreción de esta política se tradujo en acciones de
enorme voltaje político. La administración de Ragone y Fortuny procedió a
apartar y encarcelar a efectivos policiales y comisarios involucrados en
torturas y vejaciones durante los gobiernos de facto, utilizando como base
probatoria los testimonios directos de los presos políticos salteños
recientemente liberados.7 Las publicaciones periodísticas de la época
titulaban sin rodeos: "El caso de los policías torturadores".7
Semejante atrevimiento institucional generó una reacción
furibunda no solo por parte de los sectores conservadores locales, sino también
desde las esferas más altas del gobierno nacional. La investigación histórica
documenta un episodio crítico que marcó el inicio del declive del gobierno
provincial: Miguel Ragone fue citado a la Casa Rosada en Buenos Aires para
mantener una audiencia directa con Juan Domingo Perón.14 Durante
el encuentro, Perón lo interpeló severamente preguntándole "cómo va esto
de la limpieza de la gente de izquierda de su gobierno". Ante la respuesta
componedora de Ragone, Perón exhibió una fotografía donde se observaba al jefe
de policía, Rubén Fortuny, cargando el féretro de la militante Ana María
Villarreal, una de las víctimas fatales de los fusilamientos ocurridos durante
la Masacre de Trelew en 1972.14 Sometido a esta implacable presión desde la
conducción del movimiento justicialista nacional, Ragone se vio forzado a
regresar a Salta y exigirle la renuncia indeclinable a Fortuny, marcando una
profunda fractura en la autonomía de su proyecto político.14
El gobierno constitucional de Ragone navegó en un escenario
de extrema polarización y conflicto permanente. Las investigaciones académicas
sobre este período focalizan su atención en las tensiones, negociaciones y
alianzas inter e intrapartidarias que se reflejaban en los acalorados debates
de la Legislatura provincial.1 El estilo de liderazgo de Ragone,
caracterizado por su humildad, su apertura hacia las bases sindicales y su
rechazo a los protocolos elitistas, le deparó el desprecio sistemático e
indisimulable de la aristocracia salteña, del alto clero local y de la derecha
política.6
Para estos sectores de poder—históricamente nucleados en
espacios de exclusividad social como el selecto Club 20 de Febrero, al cual
Ragone no pertenecía ni aspiraba a pertenecer—, el gobernador no era un
mandatario legítimo, sino que lo estigmatizaban despectivamente tildándolo de
"comunista".6 La dinámica de alianzas y contra-alianzas dentro
del propio peronismo, exacerbada por la eclosión de la violencia paramilitar y
el accionar de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), aisló
progresivamente a la administración provincial.1 Identificado como uno de
los gobernadores afines a la "Tendencia Revolucionaria" del
justicialismo, su suerte quedó sellada tras el fallecimiento de Perón.2
Finalmente, luego de poco más de un año y medio de gestión
constitucional, el 24 de noviembre de 1974, durante la presidencia de María
Estela Martínez de Perón (Isabelita), el Poder Ejecutivo Nacional decretó la
intervención federal a los tres poderes de la provincia de Salta.1 Miguel
Ragone fue destituido de su cargo, siendo reemplazado por el interventor
federal José Alejandro Mosquera.22 Meses más tarde, en octubre de 1975, un
convenio suscrito entre los ministerios nacionales del Interior y Defensa y el
nuevo interventor provincial subordinaría operativamente a la Policía y el
Servicio Penitenciario de Salta al Consejo de Seguridad, preparando el terreno
institucional para el asedio represivo.3
Tras su destitución en 1974, Miguel Ragone no optó por el
exilio ni buscó refugio diplomático. Fiel a sus principios y a su vocación
originaria, continuó residiendo en la ciudad de Salta y retomó activamente el
ejercicio de la medicina clínica.6 Sin embargo, su enorme prestigio en los
sectores populares, su condición de líder político incorruptible y su historial
de enfrentamiento con las estructuras represivas lo convirtieron en un objetivo
de alta prioridad para la maquinaria del terror estatal que ya operaba en la
clandestinidad.
El desenlace fatal se produjo en las postrimerías del
gobierno democrático nacional, en un contexto de altísima violencia política.
En las primeras horas de la mañana del jueves 11 de marzo de 1976—apenas trece
días antes del golpe de Estado cívico-militar que instauraría el "Proceso
de Reorganización Nacional"—, el doctor Miguel Ragone fue violentamente
interceptado y secuestrado.12 El operativo ilegal tuvo lugar aproximadamente a
las 8:20 horas, en las inmediaciones de su domicilio, precisamente cuando salía
de un comercio almacén barrial con el propósito de dirigirse a su trabajo
rutinario como facultativo médico en el Hospital San Bernardo.6
La magnitud de este crimen político es histórica: Miguel
Ragone es el único gobernador constitucional de la historia de la República
Argentina que reviste la condición de detenido-desaparecido.2 Hasta la
fecha actual, los esfuerzos de sus familiares y los organismos de derechos
humanos no han logrado dar con el paradero físico de sus restos mortales. Con
base en múltiples testimonios recabados en sede judicial, existe la fuerte
presunción de que su cuerpo inerte habría sido arrojado desde las alturas hacia
las aguas del Dique Cabra Corral, ubicado en las afueras de Salta Capital, un
enclave geográfico que el aparato represivo militar utilizó de manera
sistemática para el ocultamiento de evidencias y la eliminación de prisioneros
políticos.24
Durante más de tres décadas, las estructuras del Estado y el
sistema de administración de justicia intentaron imponer un manto de olvido
institucionalizado sobre tan aberrantes crímenes de lesa humanidad cometidos en
el marco innegable del terrorismo de Estado.3 La impunidad legal se sostuvo
fundamentalmente en la vigencia de las leyes de Punto Final y Obediencia
Debida, dictadas en la década de 1980.25
Sin embargo, la incesante persistencia de la memoria
colectiva impulsada por los familiares, ex presos políticos y diversos
organismos de derechos humanos logró revertir este escenario de amnesia
jurídica. Tras la histórica declaración de nulidad de las mencionadas leyes de
impunidad por parte del Congreso Nacional y la Corte Suprema de Justicia, se
reabrieron las investigaciones penales.25 El Ministerio Público Fiscal
caracterizó los hechos acontecidos como delitos de lesa humanidad, argumentando
que las atrocidades dirigidas a destruir la salud física o mental de las
víctimas mediante la utilización del aparato estatal de poder afectaban a toda
la comunidad nacional e internacional, constituyendo violaciones flagrantes al
derecho de gentes, por lo que resultaban absolutamente imprescriptibles.3
El persistente reclamo de justicia cristalizó finalmente en
sentencias de carácter histórico. En el año 2011, la Justicia Federal con
asiento en Salta condenó a la pena de prisión perpetua a los principales
responsables operativos de extracción militar y policial, identificados con los
apellidos Mulhal, Gentil y Guil.25 Pero el avance judicial no se limitó a los
ejecutores materiales; el entramado de complicidades civiles comenzó a ser
desmantelado. En el año 2019, la justicia federal dictó una condena emblemática
contra el ex juez federal Ricardo Lona.25 Lona fue encontrado penalmente
responsable por su rol clave en el encubrimiento no solo del secuestro y
desaparición de Miguel Ragone, sino también del homicidio perpetrado contra el
ciudadano Santiago Catalino Arredes (comerciante local) y las graves lesiones
infligidas a la señora Margarita Martínez Leal.25 Esta resolución judicial
resultó fundamental para la reconstrucción de la verdad histórica, ratificando
de manera irrefutable que la matriz de impunidad del terrorismo de Estado no
solo se sostuvo con armas, sino que "también se construyó desde los
escritorios del poder judicial".25
La consolidación del doctor Miguel Ragone en la memoria
social bajo la designación del "médico del pueblo" trasciende la mera
retórica para convertirse en un hecho sociológico y cultural innegable.6 Este
reconocimiento popular tiene raíces profundas en sus prácticas cotidianas.
Diversos testimonios aseguran que, a diferencia de otros mandatarios que se
escudaban tras el protocolo, Ragone instauró la práctica de abrir las puertas
de su despacho en la Casa de Gobierno para otorgar audiencias directas y sin intermediarios
a personas provenientes de los sectores sociales más postergados.6 Era
frecuente observarlo socializando abiertamente con trabajadores, obreros,
comunidades rurales y ciudadanos humildes, diluyendo las barreras tradicionales
entre el poder ejecutivo y la ciudadanía.6 El título de "médico del
pueblo" aparece explícitamente vinculado a su persona en los reiterados
reclamos callejeros y en las exigencias de los tribunales de justicia,
resumidos en la consigna histórica: "Justicia a medias para el doctor
Miguel Ragone, gobernador y médico del pueblo".6
Ante la violencia ejercida para borrar todo rastro material
y discursivo de su existencia, la literatura local, el ensayo testimonial y la
historia gráfica operaron como refugios de la memoria colectiva. Autores
salteños, como el escribano e historietista Jorge Klix Cornejo, canalizaron su
veta creativa para documentar gráficamente episodios de la resistencia y el
drama de aquellos años oscuros en obras como "Réquiem para el Doctor
Miguel Ragone" (2006).27 En estos análisis, se aborda "la fragilidad
de la memoria" social frente al trauma, y cómo el olvido operado por el
terror no debe entenderse como una anulación biológica, sino como una
suspensión coercitiva de la información, un silencio impuesto por el miedo
sistemático.27
Una de las aproximaciones literarias más profundas al
secuestro de Ragone se encuentra en el volumen colectivo "Tantas
claridades para prender una luz. Relatos de docentes sobre los años
oscuros".16
En esta publicación, el escritor e investigador Eduardo Rosenzvaig elabora una
pieza testimonial que funciona como una variante narrativa destinada a
descentrar los discursos hegemónicos e institucionalizados sobre la historia
reciente de Argentina.28 Apoyándose en sofisticados marcos teóricos como
el aspecto dialogístico de la palabra propuesto por Mijaíl Bajtín y la
construcción de la "memoria colectiva" conceptualizada por Maurice
Halbwachs, Rosenzvaig reconstruye la periferia del crimen político.28
El texto literario focaliza su atención analítica no solo en
la figura central del gobernador, sino en las víctimas colaterales del
operativo clandestino militar: los testigos materiales. El relato describe de
manera desgarradora a Catalina, una mujer indígena, y a un almacenero local
(referencia a Santiago Arredes), quienes tuvieron la fatal circunstancia de
presenciar el operativo de secuestro la mañana del 11 de marzo.16 El
análisis literario y sociológico del texto revela la lógica operacional del
terrorismo de Estado: "Testigos del hecho, de manera que los debieron
asesinar para que se acostumbre el país a que habrá que convivir con una
historia sin testigos. Que no existirán más los testigos".16
La prosa omnicomprensiva del autor describe cómo la mirada
inerte de las víctimas—"los ojos tirados de la indiecita Catalina en la
vereda"—se incrusta metafóricamente en la "porosidad calcárea de mi
calavera".16
Esta potente imagen poética simboliza la persistencia indeleble del trauma
colectivo. La eliminación física de cualquier testigo que pudiera entorpecer la
maquinaria del silencio, que pudiera oponerse al arreglo mafioso o que pusiera
en peligro a los ejecutores, demuestra que el Estado terrorista buscaba
aniquilar mediante la muerte, la cizaña y las inundaciones el derecho a la
verdad jurídica.16
Catalina, convertida en un símbolo del anonimato sufriente y ausente en las
crónicas oficiales, revive a través del trabajo de la memoria literaria que
rechaza ser aniquilado por el olvido impuesto.
La institucionalización de la memoria de Miguel Ragone ha
encontrado su máxima expresión en la restitución de su nombre en diversos
espacios públicos de la provincia, como colegios de nivel medio (N.º 5167) e
hitos conmemorativos.6 No obstante, el acto de mayor relevancia
histórica y simbólica tuvo lugar en junio del año 2003, cuando el Poder
Ejecutivo provincial decretó que el ex Hospital Neuropsiquiátrico Dr.
Christofredo Jakob—fundado por el propio Ragone en 1950—pasara a denominarse
oficialmente "Hospital de Salud Mental Dr. Miguel Ragone".6
El estudio exhaustivo de las normativas vigentes, las
auditorías estatales y los reclamos laborales que atraviesan actualmente a este
nosocomio permite evaluar de manera concreta cómo los ideales de Ragone
interactúan con las complejidades de la salud pública del siglo XXI en Salta.
De acuerdo con la
reglamentación provincial (Decreto Nº 3062/99 y Resolución Nº 11 D), la
organización administrativa y funcional del hospital se encuentra formalizada
en su Carta de Servicios.29 Esta estructura
institucional evidencia el intento sostenido por materializar el paradigma de
la salud mental comunitaria y el abandono progresivo de la lógica manicomial y
de aislamiento restrictivo.
Para sistematizar la oferta
terapéutica actual del Hospital Dr. Miguel Ragone, la siguiente tabla detalla
la clasificación oficial del Catálogo de Prestaciones según el nivel de
intervención sanitaria:
Nivel de
Asistencia Hospitalaria
Prestaciones
Clínicas y Servicios Especializados (Carta de Servicios)
Atención
Ambulatoria y Comunitaria
Consultas
especializadas en psiquiatría, psicología, neurología y servicio social.
Asesoramiento institucional; orientación a familiares; grupos de apoyo
preventivo para patologías como la depresión y esquizofrenia; ciclos
temáticos de charlas comunitarias.30
Hospital de
Día
Abordaje
interdisciplinario que incluye talleres terapéuticos, nutrición, farmacia
clínica, laboratorio bioquímico y actividades específicas para la promoción
de la salud y prevención de recaídas.30
Internación
Asistencia
especializada de agudos e internaciones breves con criterio
interdisciplinario restrictivo.17
Rehabilitación
y Reinserción
Terapia
ocupacional y articulación directa con la Dirección de Reinserción e
Inclusión Socio Laboral para personas con discapacidad psicosocial,
desarrollando talleres socioproductivos en espacios externos.29
Formación
Académica Superior
Centro de
referencia para Residencias Médicas Interdisciplinarias en Salud Mental
(RISaM), formando especialistas en psiquiatría humanizada y disciplinas
conexas.10
El perfil epidemiológico que atiende este dispositivo
sanitario es de alta complejidad. Un relevamiento estadístico histórico
correspondiente al año 2008 ilustra con claridad las patologías prevalentes que
requieren la intervención especializada de sus equipos profesionales.
Código CIE-10
Diagnóstico
Psiquiátrico Prevalente
Casos
Atendidos (Año 2008)
Porcentaje
del Total Analizado (%)
F20.9
Esquizofrenia
no especificada
89
15,75%
F10.9
Trastornos
mentales y del comportamiento debidos al uso de alcohol
67
11,86%
F19.9
Trastornos
mentales debidos al uso de múltiples drogas y otras sustancias psicoactivas
47
8,32%
F60.9
Trastornos de
la personalidad no especificados
40
7,08%
Z91.5
Historia
personal de lesión autoinfligida intencionalmente (Riesgo Suicida)
37
6,55%
F23.9
Trastorno
psicótico agudo y transitorio no especificado
25
(Datos
complementarios en origen)
Fuente de los
datos tabulados: Plan Provincial de Salud Mental, Provincia de Salta.20
El análisis de estos datos revela que, más allá de las
psicosis endógenas como la esquizofrenia (15,75%), una proporción alarmante de
la demanda clínica (sumando más del 20%) está vinculada directamente al consumo
problemático de alcohol y sustancias estupefacientes múltiples, patologías
profundamente entrelazadas con las crisis socioeconómicas y la vulnerabilidad
estructural de los pacientes.20 En este contexto, legisladores nacionales y
provinciales han solicitado en diversas oportunidades informes exhaustivos al
Poder Ejecutivo sobre los protocolos de actuación que ejecuta el hospital ante
la llegada de ciudadanos que requieren atención o internación imperativa por
sufrir distintos tipos de adicciones severas.32
A pesar de contar con una visión institucional fundamentada
en la Ley Nacional de Salud Mental N° 26.657 y en el Plan Provincial de Salud
Mental, la gestión diaria del Hospital Dr. Miguel Ragone se enfrenta a severas
contrariedades estructurales y deficiencias presupuestarias. La normativa exige
que toda internación deba concebirse como la alternativa terapéutica más breve
posible, que restrinja mínimamente los derechos del usuario.19 El
objetivo prioritario es promover una transformación cultural profunda,
fomentando un cambio de actitudes en el personal médico que asegure la garantía
plena de los Derechos Humanos e impida tajantemente la discriminación, la
exclusión social o el confinamiento indefinido.20
Sin embargo, auditorías realizadas por organismos de control
como la Auditoría General de la Provincia de Salta (AGPS) han revelado
inconsistencias preocupantes. Se ha constatado, mediante observaciones
formales, la ausencia de gestiones administrativas eficaces ante el Ministerio
de Salud Pública para la creación y puesta en funcionamiento del "Órgano
de Revisión", un dispositivo legal exigido en el Capítulo X de la Ley Nº
26.657, fundamental para el control externo de las internaciones psiquiátricas.29
Asimismo, se han detectado serios incumplimientos del Artículo 22 de la misma
ley, en tanto la institución no garantizaba de forma sistemática la provisión
de un abogado defensor especializado para aquellas personas sometidas a
internación involuntaria.29
La crisis edilicia y presupuestaria ha motivado múltiples
reclamos y acciones de amparo impulsadas por defensores de los derechos de
niños, niñas y adolescentes, logrando fallos judiciales que ordenan a la
provincia el cumplimiento de derechos básicos, como el simple acceso al agua
potable dentro de las instalaciones.33 En debates acaecidos en la
Cámara de Diputados provincial, se han leído comunicados emanados por las
asambleas de trabajadores del nosocomio, quienes expresan su profunda
preocupación ante la falta de medidas estructurales necesarias para dignificar
el sistema de salud mental.11 La gravedad de la situación motivó que incluso
representantes del Ministerio Público Fiscal intervinieran, denunciando
escenarios críticos y deficitarios en el abordaje de los pacientes más
severamente afectados.11
Frente a estas deudas históricas, el Estado provincial ha
intentado reactivar el flujo de inversiones. Informes gubernamentales recientes
destacan la inauguración de obras de refacción y refuncionalización profunda
del Hospital Miguel Ragone. Con una inyección presupuestaria estimada en 187,4
millones de pesos, se concretó la reconstrucción integral de la vital Sala de
Agudos, la modernización de los sectores de cocina y lavadero, la refacción del
servicio de nutrición y trabajos de impermeabilización general.34 Durante
las ceremonias oficiales de inauguración—recorridas por figuras políticas como
el vicegobernador Antonio Marocco y el ministro de Salud Federico Mangione—, se
descubrió una placa conmemorativa en el ingreso a la Sala de Agudos imponiendo
el nombre de "Irma Silva".34 Este homenaje póstumo reconoció
la vasta trayectoria de Silva, una gran trabajadora comunitaria de campo que se
desempeñó con notable dedicación como Secretaria de Salud Mental y Adicciones
provincial desde 2019 hasta su fallecimiento en noviembre de 2023, perpetuando
así el legado de compromiso social que inaugurara Ragone.34
A las crisis endémicas se sumaron los desafíos impuestos por
la coyuntura global. La irrupción de la pandemia originada por el virus
SARS-CoV-2 (COVID-19) y las medidas dictaminadas de Aislamiento Social,
Preventivo y Obligatorio (ASPO) generaron un impacto fenomenológico profundo en
la prestación de los servicios terapéuticos.35 Investigaciones académicas de
diseño cualitativo en la ciudad de Salta, basadas en entrevistas estructuradas
a psiquiatras y psicólogos de hospitales de nivel IV (incluyendo de forma
preeminente al Hospital Dr. Miguel Ragone), exploraron las modificaciones
sustanciales en la atención clínica.35 Los profesionales debieron
adaptar de urgencia sus modalidades de trabajo, transitando abruptamente hacia
plataformas de telemedicina y asistencia virtual para sostener el vínculo
psicoterapéutico con pacientes severos, revelando una resiliencia institucional
que logró mantener cierta continuidad del cuidado a pesar de las drásticas
restricciones sanitarias impuestas a nivel nacional.35
Por último, el legado sanitarista de Ragone en torno a los
pobladores rurales adquiere una nueva dimensión frente a los problemas
medioambientales modernos. Recientes estudios sobre extractivismo y desarrollo
de infraestructuras en el interior documentan la afectación severa sobre la
salud mental causada por la polución acústica (el ruido constante derivado de
los movimientos mecánicos de palas de aerogeneradores en parques eólicos).22 Estas
alteraciones en el entorno provocan fenómenos de "desterritorialización",
desplazando forzosamente a la población campesina, reemplazando la matriz
agrícola y alterando profundamente la territorialidad, lo que se traduce en
nuevos cuadros de estrés psicosocial que el sistema público de salud mental
heredero de Ragone debe afrontar en la actualidad.22
La preservación del legado de Miguel Ragone ha trascendido
el ámbito meramente bibliográfico para consolidarse en la dimensión
performativa y audiovisual de la cultura política contemporánea. El estudio de
los vínculos audiovisuales provistos para el análisis (incluyendo listas de
reproducción temáticas alojadas en la plataforma YouTube) permite desentrañar
cómo las instituciones democráticas modernas operan sobre la memoria del
exgobernador.12
El primer elemento de análisis se centra en la descripción
contextual del acto oficial conmemorativo encabezado el 11 de marzo de 2019 por
el entonces gobernador de la provincia de Salta, Juan Manuel Urtubey, al
cumplirse el 43º aniversario de la desaparición física de Ragone.12 Este
documento audiovisual, difundido por la agencia oficial Télam S.E., muestra una
puesta en escena estrictamente institucional y solemne. La imagen del Estado
rindiendo homenaje en las calles donde ocurrió el secuestro—cerca de su
domicilio mientras se dirigía al trabajo—opera como una potente herramienta de
reparación simbólica.12 Sin embargo, la presencia simultánea de las más
altas autoridades del Poder Ejecutivo, mezcladas con referentes históricos de
los organismos de derechos humanos, subraya una tensión latente: la necesidad
de que el Estado democrático actual asuma la carga moral de un crimen de lesa
humanidad perpetrado por el propio aparato estatal en el pasado.3
En una línea discursiva complementaria, otro de los
registros documenta una encendida alocución pronunciada en el recinto
parlamentario, presumiblemente en el marco de la Cámara de Diputados.25 En este
acto legislativo, el orador realiza un repaso histórico y conceptual
ineludible. Celebra la persistencia de los organismos de derechos humanos para
anular normativas vergonzosas y aplaude las condenas a los represores y a los
miembros del poder judicial encubridor.25
El aspecto semiótico más trascendente de este discurso
radica en su enérgico rechazo a la monumentalidad vacía. El representante
argumenta taxativamente que a medio siglo de su desaparición, "la figura
del Ragone nos interpela", coincidiendo con la postura de las asociaciones
civiles respecto a que "su herencia no debe reducirse a un busto vacío de
contenido o a un homenaje ritual".25 El acto de recordar a Ragone
hoy es definido, entonces, no como un ejercicio de melancolía por un pasado
trunco, sino como un acto de acción política directa para reafirmar la lucha
por una vida materialmente digna para la población y un "compromiso
innegociable con la democracia".25 La plegaria cívica con la que
culmina la intervención legislativa es categórica: "...que su memoria nos
guíe para que el silencio, la complicidad y el terrorismo de estado nunca más
sea el lenguaje de nuestra historia".25
A estos homenajes se suma el reconocimiento de la dimensión
comunitaria y de las luchas contra la violencia de género que atraviesan los
pasillos de las instituciones de la provincia. Intervenciones en espacios de
salud y foros del Ministerio Público Fiscal ligan el legado de la búsqueda de
verdad y justicia del caso Ragone con las pugnas contemporáneas contra la
violencia estructural y el machismo. Figuras públicas y familiares dirigen
mensajes contundentes repudiando los femicidios, clamando para que "los
hombres entiendan que no es no", y rindiendo homenaje a las víctimas
recientes imprimiendo sus nombres en espacios institucionales emblemáticos, de
un modo análogo al proceso de renombramiento del hospital neuropsiquiátrico en
2003.36
La red de significados que circunda el nombre de Ragone se expande de este modo
para abarcar todas las demandas ciudadanas relativas a los derechos humanos
fundamentales.
La reconstrucción exhaustiva de la biografía clínica, la
gestión política y el legado póstumo del doctor Miguel Ragone permite extraer
múltiples conclusiones estructurales y sistémicas acerca del desarrollo
histórico de la salud pública y la política en el norte de la República
Argentina. La vasta evidencia documental y testimonial examinada en este
informe confirma fehacientemente que Ragone no funcionó como un mero
administrador burocrático, ni fue un emergente accidental del movimiento
justicialista de los años setenta. Por el contrario, se erigió como un genuino
reformador del Estado y un pensador sanitarista avanzado a su época, que se
atrevió a trasladar de forma imperativa los preceptos teóricos de la medicina
social y el abordaje de los determinantes socioeconómicos de la salud hacia el
epicentro del diseño de políticas del Poder Ejecutivo.
En el campo específico de la ciencia médica, su irrupción
fue fundacional. Al asumir la conducción e inaugurar la era de la salud mental
institucionalizada en la provincia de Salta en el año 1950, Ragone fracturó la
arraigada visión positivista y penitenciaria característica del asilamiento
manicomial.9
Fomentó las semillas doctrinarias de una psiquiatría de corte eminentemente
comunitario y profundamente humanizada, principios que, más de sesenta años
después, serían consagrados jurídicamente en la moderna Ley Nacional de Salud
Mental.4
Los debates contemporáneos ventilados en la legislatura provincial en torno al
Hospital Dr. Miguel Ragone—focalizados en la exigencia crítica de partidas
presupuestarias, la urgencia de establecer residencias de medio camino para
evitar el encierro prolongado de pacientes vulnerables, el abordaje de cuadros
psicóticos y adicciones severas, y el resguardo de la calidad de atención
mediante el funcionamiento del Órgano de Revisión—demuestran sin hesitación que
el paradigma inaugurado por el médico rural en la década del cincuenta goza hoy
de una vigencia tanto clínica como política de carácter irrefutable.29
Desde el análisis de la ciencia política y la historia
institucional, el breve pero incisivo mandato constitucional de Ragone
(1973-1974) encarnó un nivel de audacia inusitado al intentar democratizar,
desde las entrañas del Estado provincial, estructuras que operaban
históricamente respondiendo de manera exclusiva a lógicas oligárquicas y
represivas. La fundación estratégica de organismos como Salta Forestal y el
impulso integrador del GEICOS dejaron expuesta una clara voluntad orientada
hacia el desarrollo endógeno, la soberanía sobre el uso racional de los
recursos naturales y la articulación macro-regional frente a un esquema
nacional que marginaba sistemáticamente a las economías del interior.15 A su
vez, el truncado intento de supeditar el accionar de la policía provincial a
los preceptos de los derechos humanos y convertirla en una institución garante
de la paz civil para las mayorías—liderado por Rubén Fortuny—reveló
descarnadamente los obstáculos formidables, infranqueables y de extrema
peligrosidad que las cúpulas del poder tradicional y las alianzas políticas
dominantes a nivel nacional imponían sobre cualquier intento de reforma de base
durante la convulsa década de los setenta.7
Finalmente, el terrorismo de Estado en la Argentina, al
ensañarse desmesuradamente con la figura física de Ragone mediante la práctica
ilegal del secuestro y desaparición forzada en vísperas del golpe militar de
1976—sumado a la práctica criminal de ejecutar a testigos presenciales para
instalar el régimen del terror generalizado—, fracasó estrepitosamente en su
objetivo fundamental de imponer el silenciamiento histórico.15 La
memoria popular activa, sostenida a lo largo de décadas mediante la
perseverancia de la literatura local, el valor del testimonio oral, los
reclamos en el espacio público y, fundamentalmente, la culminación de juicios
por delitos de lesa humanidad que lograron desnudar la intrincada y perversa
red de complicidades de la sociedad civil y del andamiaje judicial (como lo
evidenció el fallo contra el ex juez federal), ha consolidado la figura del
"médico del pueblo".25
El análisis riguroso de las ceremonias oficiales
audiovisuales y los actos conmemorativos celebrados año a año, permite afirmar
que el legado histórico y ético de Miguel Ragone ha logrado evadir el simple
recuerdo fosilizado.12 Trasciende de este modo la profunda y dolorosa
tragedia humana de su desaparición, para instalarse definitivamente en el
presente continuo como un arquetipo cívico e insoslayable; un recordatorio
perenne de que la conjunción entre la praxis política desinteresada, la ética
inquebrantable del cuidado humanizado en la salud pública y el compromiso
absoluto con la justicia social constituye el cimiento imprescindible para el
sostenimiento de una verdadera institucionalidad democrática en el territorio
argentino.
9.Universidad Católica de Salta Facultad de Artes y Ciencias
Licenciatura en Psicología Tesis de Grado La Práctica Psicoanalítica con
Sujetos declarados Inimputables, fecha de acceso: abril 26, 2026, http://bibliotecas.ucasal.edu.ar/opac_css/69318/2731/273169318.pdf